Madrid, 6 de febrero.- El lunes pasado asistí a la manifestación del pueblo colombiano en contra de este ejército del terror y la barbarie autodenominado Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC. Daba gusto ver como la Plaza Mayor de Madrid se llenaba progresivamente de colombianos, todos ellos con sus banderas amarillas, rojas y azules arengando un cese al fuego y la liberación de los rehenes.
Pero los colombianos no estaban solos la solidaridad del pueblo español y de los inmigrantes provenientes de todo Latinoamérica se hizo sentir. De un momento a otro las nacionalidades quedaron atrás, las fronteras se volvieron invisibles y ha una sola voz corearon “Libertad, No mas FARC”.
Este grito de libertad me trajo a la mente muchos episodios tristes de la historia, en la que miles de hombres y mujeres se unieron para acabar con sistemas autoritarios y dictatoriales que oprimían a sus pueblos, privándole de lo más sagrado su libertad. Esa libertad en su sentido más amplio, como la de movilizarte de un lugar a otro, como la de pensar y expresar tus ideas, como la de agruparte y asociarte, como la de decidir sobre tus acciones y movimientos.
Estoy seguro que después del 4 de febrero el mundo no será el mismo de antes. Esta movilización realizada simultáneamente en muchos países de América y Europa pidiendo libertad para los secuestrados, que nació desde la Internet por iniciativa de un joven que lo único que pedía era solidaridad y justicia para las miles de personas que se encuentran privadas de su libertad en un lugar inhóspito de la selva, en un lugar donde, como lo describe Ingrid Betancurt, difícilmente entran los rayos del sol, difícilmente pueden conciliar el sueño y donde las cadenas que atan su cuello y sus manos se convierten en sus únicas compañeras de la noche.
Este crimen que ha merecido la condena y el repudio mundial del mundo debe servir de ejemplo para mirar a otro lugar de América donde un país entero permanece secuestrado durante más 30 años por un dictador que lo único que busca es someter a un pueblo a sus intereses y a sus ambiciones, un país donde los derechos humanos son vulnerados, donde la vida no vale nada, donde pensar es un delito y agruparte un pecado mortal. Este país bendecido por Dios por sus bellas playas y su exuberante naturaleza pide hoy al igual que los rehenes de las FARC, libertad. Si pidamos hoy la Libertad del pueblo cubano, unámonos en una sólo voz y mostremos nuestro repudio mundial a las dictaduras.
Por
Jose Manuel Saavedra
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