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Introducción al libro “Libertad para todos”

  2 de Junio, 2008
 

 

INTRODUCCIÓN

 

“[Los liberales son] los hombres prácticos que tienen

la causa de la libertad genuinamente en el

corazón......”

Friedrich A. von Hayek

Muchas son las razones que me animan a presentar este segundo libro recopilatorio de ensayos, artículos, notas, comentarios y conferencias que he venido publicando en blogs, páginas Web, y medios de diversa índole, especialización y nacionalidad, desde el 2004 hasta hoy, y que la editorial Grito Sagrado y su directora, la extraordinaria Rosa Pelz, llevan ahora al lector. La primera de ellas es que nunca está dicha la última palabra con relación a la libertad y a las filosofías que ésta inspira, sobre todo cuando abordamos a la principal de ellas: el liberalismo.

Por la diversidad de sus tesis y planteamientos, la enriquecedora solvencia de sus exponentes, de innumerables disciplinas todos ellos, y por ser un cuerpo de ideas que se cuestiona y recrea permanentemente, es el liberalismo un sistema ideológico en continua expansión y de notable capacidad argumentativa.

Ello no obstante, su trágico sino lo lleva a ser, al mismo tiempo, un pensamiento malentendido, poco conocido y condenado a ser la coartada intelectual de los ricos y los explotadores, el pretexto inequívoco para denunciar la injusticia, la corrupción y la miseria que acosa sin cesar a miles de desfavorecidos, condenándolos irremediablemente a una vida indigna de llamarse como tal.

¿Por qué es esto así? ¿Porqué la filosofía que inspira, con sus matices, a creadores geniales, de la talla de Mario Vargas Llosa, Vacláv Havel, Octavio Paz y Ayn Rand, a economistas mundialmente reconocidos como James Buchanan, Milton Friedman, Ronald Coase o Friedrich Hayek, todos ellos ganadores del Premio Nobel de Economía, y a periodistas del prestigio de Jean–Francois Revel, Guy Sorman y Carlos Alberto Montaner –cuyo magnífico y sentido prólogo a este libro jamás terminaré de agradecer–  es tan poco conocida, tan injustamente incomprendida y, en particular, tan detestada en diferentes latitudes?

Varios de los artículos aquí presentados –sobre todo Liberalismo sin límites de velocidad y El liberalismo que América Latina necesita– ofrecen algunas explicaciones al respecto, y representan el segundo de mis motivos para llevar a cabo esta publicación.

Se pueden resumir en dos, indivisibles como los lados de una moneda: el éxito de nuestros adversarios en ofrecer una visión del mundo emocionalmente convincente, pero a todas luces falsa, a la opinión pública, y nuestro rotundo fracaso en hacer lo propio: es decir, en exponer la verdad de un modo que llegue al corazón vivo de las gentes.

Los artículos que siguen a continuación enfrentan, por consiguiente, muchos de los lados de este complicado problema, y que es el obstáculo principal para que la filosofía de la libertad cale hondo en los espíritus que, coincidentemente, más la necesitan: los pobres, los excluidos, los marginados.
           
Por otra parte, un territorio inexplorado –salvo escasísimas excepciones– para los defensores de las tesis liberales el de la cultura. La literatura, la poesía y las posiciones de los creadores e intelectuales no forman parte del análisis ni de la crítica de quienes consideramos a la libertad de crear e innovar como uno de los cimientos de la civilización y la modernidad.

Obsesionados con la racionalidad económica, hemos permitido que socialistas de toda laya se enseñoreen en estos predios. Si a principios del pasado siglo –con Gramsci– los propios socialistas se dieron cuenta que encerrarse en la economía los condenaba a la extinción, y se volcaron a la educación y la cultura, ¿cuándo lo haremos nosotros?

De allí que varios de estos artículos, notas y ensayos, tengan como protagonistas a los intelectuales y literatos, a comentarios de libros de poesía y a novelas, que hagan saber que los liberales tenemos que mucho que decir en cuanto a la estética, la creación literaria y la reflexión sobre la cultura.

Por último, he dedicado algunas reflexiones a la participación. Asumir una causa significa representarla. Ofrecer lo mejor de nosotros, al menos una parte, a favor de ella. Negarse a defenderla, usando sus propios postulados para justificar el inmovilismo o la inacción, o criticar a quienes, desde su propio quehacer, dan de sí con el propósito de extenderla entre más personas, es traicionarla.  De esta manera, ser consecuente con el liberalismo, hasta el final, es seguir la admonición de Hayek que se cita y que inspira a este libro: tener genuinamente la causa de la libertad en el corazón. Que así sea.

Lima, Perú, 15 de octubre de 2007

Héctor Ñaupari


Hayek, Friedrich A. von. Los intelectuales y el socialismo. En: Socialismo y Guerra. Volumen X de las Obras Completas de Friedrich A. Hayek, Unión Editorial, Madrid, España, 1999. Pág. 279.

 

 

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