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Entre la vida y la libertad

  1 de Marzo, 2006
 

 

Si nos diesen a elegir entre la vida y la libertad, ¿qué escogeríamos? Supongamos una situación extrema, un caso límite. Tenemos que decidir entre una vida sin libertad o una libertad sin vida. No caben soluciones eclécticas ni fórmulas de conciliación; la opción a elegir será exclusiva y excluyente.

La respuesta no puede ser otra: debemos elegir la libertad. Ciegamente. Porque la libertad es el bien más valioso y preciado del ser humano, más importante incluso que la vida misma. Porque una vida sin libertad no es digna de llamarse vida ni merece ser vivida. Porque gracias a la libertad, el ser humano ha llegado al punto en donde actualmente se encuentra, en su lucha constante contra la adversidad. Gracias a la libertad, el ser humano puede llegar mucho más lejos en dicha lucha interminable. La libertad le garantiza al ser humano ese regalo maravilloso de no tener límites en los proyectos y metas que se trace, un horizonte sin fin ni límites establecidos de antemano, una proyección infinita, la pura potencialidad.

Podría argumentarse que sin vida no es posible la libertad. Es correcto. Pero desde nuestro punto de vista, sin libertad, la vida deja de ser un bien valioso. Sin libertad, la vida no es vida. Así de simple. Para un esclavo, la vida es sinónimo de sufrimiento, desesperanza, animalidad, vil embrutecimiento. Entonces, ¿acaso podemos afirmar que para un esclavo la vida constituye un bien? Para un condenado a cadena perpetua, cada día de vida es un castigo cruel y refinado, a cuenta gotas, una humillación a su condición de ser humano (merecida o no, no entremos en dicho análisis). Para un enfermo terminal, un coma vegetativo, por ejemplo, la vida dejó de tener sentido, siendo la muerte un bálsamo esperado, la luz al final del túnel. Olvidémonos del mito de la vida como el bien supremo del ser humano. No es así. El bien supremo del ser humano es la libertad. La libertad justifica la vida, tan difícil de por sí.

Siendo la libertad el bien supremo del ser humano, en caso de conflicto de intereses entre ambos bienes, deberá preferirse la libertad. Porque es justamente la libertad la que nos permite ser lo suficientemente libres para elegir a la propia libertad sobre la vida en la disyuntiva planteada al inicio del presente trabajo. Porque elegir la vida sobre la libertad es una forma de renunciar a la libertad, de aceptar dejar ser libres y por lo tanto, abdicar de nuestra condición de seres humanos, dignos de llamarse como tales.

Ahora bien, en todo estado de derecho la regla fundamental es que los derechos de uno acaban donde comienzan los derechos de los demás. En el caso concreto del aborto, por citar un ejemplo concreto, ¿qué debemos escoger o elegir? ¿Proteger la libertad de la mujer a poder decidir no continuar con un embarazo y una maternidad no deseada? ¿Proteger la vida del concebido, quien dicho sea de paso no ha manifestado en ningún momento si está de acuerdo con su nacimiento o no? ¿Cuál de los dos derechos es más importante? ¿La libertad de la mujer o la vida del concebido?

Volveremos sobre este último punto en un artículo posterior.

 

Por Ramón Javier Bueno

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