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Se requiere un cambio radical. Y este cambio se está identificando con más Estado y más militarismo. Pero la receta a lo Chávez será nueva en Venezuela pero ya se probó en Perú con Velasco hace casi cuarenta años. Y disparó un fracasado modelo de sub-desarrollo que se prolongó por décadas. Si esto no funciona, el otro tipo de cambio radical sólo puede provenir del liberalismo. Sin asustarse ni acomplejarse. Del auténtico, no del denominado “neo-liberalismo” ni de su antípoda: el mercantilismo. Todo lo demás, desde el nacional-socialismo humalista, y la social-democracia caviar hasta la democracia cristiana y la derecha, en versión “unitarista”, pasando a través de “frentes sociales” y “frentes de centro”, es maquillaje al muerto, analgésico para la gangrena, bastón para la mutilación. No son el cambio sino la permanencia del statu quo .
El descontento de la población y las crecientes protestas son muestras del colapso de una manera de gobernar. Pero la comprobación de que en el subconsciente colectivo hay un germen creciente de ese ímpetu por hacer prevalecer derechos individuales, no es lo mismo ni implica necesariamente, la construcción política de una opción liberal. Esta sólo puede lograrse mediante una docencia ciudadana que abarque tanto un frente académico como el frente de la política activa. Y es aquí donde la desidia, por un lado, y el facilismo de pretender consolidar un discurso presuntamente “químicamente puro”, por el otro, conspiran contra esta construcción. Por no mencionar al denuesto y la manipulación proveniente del socialismo criollo.
La consistencia del mensaje liberal tiene que fundamentarse en una propuesta que atraviese todo el espectro del desarrollo humano y que trascienda, por tanto, la visión economicista . A tal efecto, es importante consolidar una propuesta que contemple el desarrollo de las libertades en su más amplio sentido, dejando en claro que el individuo esté por encima de cualquier estructura de poder que limite su libertad, sea estatal o privada. Una propuesta que el individuo pueda comprender que va a comprometerse con su bienestar y el de los suyos, sin otro tipo de componendas con intereses que riñen con el bien común. Y además, una propuesta que atraviese transversalmente el tejido social nacional, para que más peruanos la hagan suya. Hay que construirnos un liberalismo al que hay que teñir de cobrizo y que debemos hacer brotar de los Andes, de las selvas y de los arenales . He ahí el reto.
Una propuesta liberal que recoja los principios originarios que animó a los reales fundadores del liberalismo y a sus más preclaros propulsores, debidamente calibrada y adecuada a la realidad de nuestro país, pero fundamentalmente generadora de desarrollo , es la única que tendrá posibilidad política de amalgamar voluntades y lograr que nuestros ciudadanos la acepten. Porque la libertad y el desarrollo son los bienes más preciados de los individuos. La democracia sólo tiene sentido de legitimidad cuando permite y promueve la libertad y genera políticas que mejoran el bienestar de las mayorías con respeto de las minorías. Esa libertad que John Locke, uno de los fundadores del liberalismo junto a Adam Smith, estableció como un derecho en el estado de naturaleza , que consignó en el vocablo inglés property y que engloba el derecho a la vida, el derecho a la seguridad, el derecho a las libertades individuales y el derecho a la propiedad.
La doctrina tiene que calibrarse a la realidad peruana y trasuntar hacia lo realizable. Para ello podrían plantearse cinco líneas motrices : i) el desarrollo masivo y acelerado de las infraestructuras productivas públicas incorporando fuerte inversión privada que permita construir una sólida base de competitividad; ii) la descentralización efectiva y real de las decisiones de gobierno para limitar el poder de las burocracias centrales y fortalecer la presencia estatal donde en la actualidad no existe; iii) el impulso decidido al desarrollo empresarial pequeño y mediano para atacar agresivamente el desempleo, en congruencia con el hecho empírico de que los peruanos son más empresarios que proletarios; iv) la revolución urgente del sistema educativo orientándolo hacia estándares de competitividad internacional para generar acervo de capital humano de sostenimiento del crecimiento futuro e independizarlo de la prédica marxista; y v) la reforma integral de la administración de justicia, que incluya el sistema de jurados que incorporen la participación de la ciudadanía y que establezca el andamiaje legal para impulsar las potencialidades productivas y el respeto a los derechos ciudadanos.
La construcción de una propuesta debería incluir otros elementos (salud, seguridad derechos humanos, desarrollo sostenible, diversidad cultural, etc) pero los mencionados deberían estar presentes si queremos apostar a un crecimiento acelerado – ya no tenemos tiempo para uno normal por el rezago acumulado – que nos permita alcanzar la meta de convertir al Perú en uno de los países de vanguardia en desarrollo de América Latina cuando se cumpla el Bicentenario de la Independencia Nacional dentro de quince años.
El desafío obliga a trabajar ahora, sin prisa pero sin pausa, sin exclusiones y con el convencimiento firme de que sólo esto es probable siempre que aprendamos a tender puentes de entendimiento y desterremos esa idea de que sólo unos pocos son iluminados de la historia, en una forma excluyente de ver la política por todos los partidos tradicionales. Después de todo, la política es arte de lo posible, lenguaje de los gestos, ciencia del equilibrio de la convivencia social .
De no ser posible, no nos quejemos de los “humalas” y “fujimoris” y demás aventureros que vendrán.
Por Eugenio D' Medina Lora |
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