En la tradición anglosajona la vemos con John Locke con mucha fuerza, como en Inglaterra donde los ciudadanos fueron limitando el poder del Rey, de la monarquía absoluta, fueron obligando a que el Rey les reconociera derechos. Estados Unidos heredó esa institución y la definió más fuertemente. En América Latina estamos muy lejos de esa tradición que tiene que ver con un marco legal y un marco de valores. El economista Douglas North habla de instituciones, no sólo como de reglas de juego formales sino también de las informales que son los valores, la religión, el cumplimiento o no de las leyes etc., con lo cual en América Latina tenemos un desafío muy complejo y a largo plazo, que es trabajar no sólo sobre las políticas sino también sobre los valores y es una revolución en ese sentido.
Habría que hacer una autocrítica por el énfasis que los liberales han puesto en la economía, por lo menos en Argentina que es la situación que más conozco, y por eso muchos creen que el liberalismo es solo tener una economía abierta o privatizar, pero es una simplificación del mensaje liberal. Cuando hablamos de las ideas de la libertad no estamos hablando de privilegios si no precisamente de lo contrario. En un sistema de economía liberal, un sistema en donde el que más tiene para ganar es el que no tiene contactos, el que no tiene conexiones, el que no tiene ningún privilegio, el que no tiene acceso al gobierno, donde cada uno básicamente da lo mejor de si mismo. El que tiene contactos, conexiones, privilegios estará en el mejor de los mundos hoy en América Latina, pero ese no es el modelo liberal.