Sin embargo, el Título IV, relativo a la Estructura del Estado, no corrigió el sistema de representación, no introdujo una auténtica separación de poderes y no estableció las bases para la preeminencia de la administración de justicia. En ese sentido, fue una Constitución hecha para Fujimori.
El lenguaje de los derechos humanos se ha contaminado con ideologías socialistas y marxistas. El enfoque de la Comisión de la Verdad tiene un claro tufo marxista, puesto que hace una interpretación de la historia sobre la idea de la lucha de clases.
Los liberales podemos dar la batalla en defensa de los derechos humanos, pero entendidos de otra manera. Para los liberales, hay tres derechos humanos: la vida, la libertad y la propiedad. En cambio, los socialistas consideran a la educación, la salud y el trabajo como derechos. Para un liberal, estos vendrían a ser necesidades y no derechos.
Condeno las violaciones a los derechos humanos cometidas durante los años del terrorismo. Además, a raíz de las denuncias de Sofía Macher y Francisco sobre Ollanta Humala, estoy en un plan menos condenatorio de la Comisión de la Verdad, pues veo la utilidad de sus investigaciones.
En América Latina, pienso que hay problemas en dos planos. En el político, tenemos el problema de las “democracias iliberales”, término que utiliza Fareed Zakaria, para referirse a aquellas democracias que no respetan las libertades y los derechos civiles.
En el plano cultural, tenemos la cultura latina, cuyo componente más importante es el catolicismo, alguna parte del cual puede resultar un obstáculo para el enfoque adecuado de los mercados. La Teología de la Liberación es evidentemente hostil a la economía de mercado.
Sobre las próximas elecciones presidenciales y tomando en cuenta los datos de la última encuesta, vemos que Lourdes Flores sigue bajando y Ollanta Humala subiendo, por lo que podríamos tener una segunda vuelta entre Humala y Alan García. En una situación así, el panorama seria muy preocupante.
Hayek y Mises siempre desaconsejaban tener partidos liberales y pensaban que debía infiltrarse todos los partidos con liberales. Lo importante es que haya universidades liberales, centros de investigación liberales, páginas web liberales y medios de comunicación liberales.
Aspiro a un Perú libre y justo y que, como consecuencia de esto, sea próspero y pacifico. La justicia a la que me refiero, sin embargo, no es sinónimo de igualdad económica sino sinónimo de no utilizar al Estado para obtener rentas ni privilegios, lo cual es muy frecuente en nuestra historia.