En este sentido el concepto liberal de justicia es generar un sistema donde haya igualdad de oportunidades y la posibilidad de ejercer activamente la libertad. Que no haya discriminación per se institucional en contra de determinado grupo que le impida ejercer su libertad. Claramente el liberalismo bajo ninguna circunstancia va a buscar como objetivo la igualdad de resultados pues eso dependerá de las preferencias de los consumidores, el capital humano de cada uno de los individuos, etc.
A veces pareciera que es más fácil ser liberal en América del Norte o Europa que en América Latina y ello debido a la tradición histórica. Ser liberal en América Latina es difícil porque la población no ha apreciado las bondades del liberalismo. Lo que hemos tenido en nuestros países, a excepción quizás de Chile, ha sido la adopción de determinadas prácticas liberales, sin construir simultáneamente todo el tinglado necesario para que estas prácticas funcionen. Por ejemplo con el libre comercio, abro la economía pero no modifico la regulación laboral, abro la economía pero sigo protegiendo los monopolios, obviamente eso no funciona, los costos son enormes. América Latina en realidad no ha experimentado el liberalismo. Cuando alguien se “pinta” como liberal, la gente lo identifica como un “bicho raro” que quiere favorecer por lo general a los empresarios a costa del bienestar del pueblo. Los gobiernos, a excepción de Chile, no han tenido la suficiente visión para pasar de un sistema de intervención gerencial del gobierno en la economía a un sistema integral liberal, con todo lo que ello implica. Y Chile no lo hace presentándose como un gobierno liberal, sino como un gobierno socialista en el sentido que busca el bienestar del pueblo.