Como bien dijo Hobbes, que es el padre fundador de la filosofía contractual sin ser liberal, la vida del hombre sin el Leviatán sería desagradable, embrutecida y corta, ya que la soberanía es esencialmente del individuo pero este no puede sobrevivir a la noche, al sueño, a la enfermedad, a la vejez, porque inmediatamente sería asaltado por las fieras o por los bandidos, entonces el individuo necesita depositar esa soberanía en el Estado, para que este lo defienda y proteja sus derechos.
Los derechos son del individuo y cuando el Estado no cumple con defenderlos, sino por el contrario los traiciona, en esas circunstancias el Estado pierde legitimidad desde el punto de vista liberal. Por eso no puede haber liberalismo en una situación en que el Estado viola los derechos del individuo. Naturalmente que el derecho a la propiedad es un derecho fundamental, pero no es el único. Ningún Estado que defienda solo el derecho de propiedad en un contexto de régimen dictatorial que viole los demás derechos puede ser considerado un Estado Liberal. El liberalismo es una filosofía generosa, amplia.
El liberalismo no pregona la igualdad de resultados pero si la igualdad de oportunidades, y en ese sentido puede llegar a coincidir con el socialismo habiendo campos en los que pueden superponerse y en otros oponerse. Los que quieran negar la igualdad de oportunidades son antiliberales.