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De otra parte, creo también que la CVR buscó con más énfasis el establecimiento de la Verdad que el logro de la Reconciliación, y que su objetivo central fue la delimitación de responsabilidades, más que señalar caminos suficientes y practicables para que esa confrontación tan dolorosa para decenas de miles de familias peruanas pudiera encontrar vías de resolución y reconciliación.

La construcción del Estado de Derecho tiene que hacerse desde fuera del poder. Es un trabajo fundamentalmente cultural. Se trata de que los gobernantes entiendan que el acto supremo del poder no son sus decisiones, sino que lo es el respeto de la ley establecida. Una ley que, por otra parte, está limitada en su contenido y en sus alcances, y que no puede contrariar las atribuciones propias del individuo en la sociedad. Lamentablemente quienes están en el poder son los que se sienten menos propensos a recortarlo, pues piensan que el ejercicio frecuente, abundante e indiscriminado del poder, es la manera de cumplir su función política. Lo que hay que hacerles ver es que están completamente equivocados. No puede construirse un Estado de Derecho si no se acepta el principio del imperio de la ley por encima de la voluntad de los gobernantes y la necesidad de limitar la voluntad de los gobernantes.

Pero eso no se puede trabajar desde el poder. Lo que hay que hacer es una construcción cultural laboriosa, constante, tenaz, permanente, que no abandone la batalla de las ideas, porque cuando ese terreno se abandona es ocupado por corrientes populistas, intervencionistas, colectivistas, nacionalistas, que hoy por ejemplo están aparentemente recuperando vigor. Creo que hay ahí una tarea cultural muy importante que desarrollar y que todo esfuerzo que contribuya a la generación de la idea del gobierno limitado y del imperio de la ley por encima de la voluntad, de la discrecionalidad y del arbitrio de los gobernantes es lo único que puede finalmente resolver esta situación tan penosa que hoy amenaza nuestro país.

No puedo negar que quienes pusimos lo mejor de nuestra ilusión y nuestro esfuerzo en el trabajo político, nos sentimos defraudados en nuestra experiencia personal por las circunstancias que nos tocó vivir. Se trabajó fuertemente durante 4 ó 5 años en cambiar la forma de pensar de la gente, lo cual de cierta forma se logró, para que luego, a través de un acto de poder abusivo, se produjera una salida populista con la que todo el ordenamiento jurídico quedó sujeto a la voluntad de un gobernante o de un grupo de gobernantes, como fue lo que sucedió el 5 de abril de 1992. Y lo doloroso no sólo fue que esos hechos se produjeran, sino que aparentemente fueron aceptados por la mayoría de la población, lo cual demostró que el trabajo político es insuficiente y que la batalla no sólo está en la participación política sino también en el trabajo cultural. La tarea liberal no se da solamente en el trabajo político, aunque es fundamental e indispensable que haya exponentes liberales en la actividad política.

 

 
 
     
     
 
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