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Yo creo cada día menos en la existencia de una sola versión liberal, pues dentro del pensamiento liberal caben matices. Por supuesto que creo también en la ortodoxia del pensamiento, pero el hecho de que no todos participen de una misma ortodoxia no descalifica a éstos como liberales. Creo que la igualdad verdadera se plantea respecto al trato equitativo de los individuos por parte la ley y eso es lo que preconiza el liberalismo. En el terreno económico, la igualdad ante la ley consigue una homogeneidad creciente de los niveles sociales pero no necesariamente en los resultados económicos. Si existiera dicha igualdad de resultados, desaparecería el espíritu de competencia y el estimulo a la iniciativa privada. Las relativas desigualdades son inevitables y lo que hay que hacer para vencerlas no es plantear un igualitarismo utópico, sino la posibilidad que todos los hombres, al ser tratados con igualdad por la ley y recibiendo del poder el mismo trato indiferenciado, reciban con ello también la oportunidad o la posibilidad de ser más parecidos unos a otros.

Si hablamos de ausencia de iniciativa privada en educación y en salud es porque estamos hablando de otras imperfecciones que lo explican. El hecho, por ejemplo, de que se preconice un principio indiscriminado de gratuidad de la enseñanza por parte de las entidades educativas del Estado, hace que desaparezcan incentivos para la oferta de oportunidades educativas. Esto hace que se produzca una distorsión que hace que la gente tome decisiones educativas en función de sus limitaciones económicas en lugar de hacerlo por la calidad educativa. Lo mismo sucede en el caso de la salud: la falta de un sistema de seguridad social voluntariamente asumido que cubra todos los riesgos de la salud, explicaría el que no haya mayor oferta en dicho rubro. El hecho de que no haya tantos colegios privados florecientes y escasas oportunidades de oferta en salud privada, no es por falta de iniciativa sino por un trato no equitativo debido a que se preconizan ciertos principios que finalmente producen resultados perversos.

Uno de los grandes descuidos de los liberales en América Latina ha sido no defender más activamente los derechos humanos. El pensamiento liberal se basa fundamentalmente en el reconocimiento de que el hombre tiene, por su naturaleza, unos derechos anteriores y superiores a la existencia del Estado, y que, por tanto, ningún poder o autoridad puede desconocerlos sin ocasionar un despojo. Ésa es la base del pensamiento liberal, y los derechos humanos forman parte de ese bagaje liberal. Ha sido la falta de presencia de los liberales en la postulación y defensa de los derechos humanos lo que ha llevado a que ese vacío sea ocupado por las corrientes activistas de la izquierda, que tienen muy poco de liberales y que conciben los derechos humanos a partir de la definición que de los mismos hagan las autoridades públicas y no de lo que está inscrito en la naturaleza del hombre. Los activistas de la izquierda parten de la idea de que los hombres tienen aquellos derechos que el gobierno les reconoce y los liberales pensamos que es el Estado quien tiene aquellas prerrogativas que la sociedad está dispuesta a reconocerlas. Eso es lo que creemos quienes postulamos el concepto de gobierno limitado.

 
 
     
     
 
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