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Ron con Cola

  24 de febrero, 2008
 

 

Con la renuncia de Fidel Castro a la presidencia de Cuba, después de casi 50 años a la cabeza de la dictadura más longeva de Latinoamérica, se abre una nueva página en la larga y dura historia de la lucha por la libertad y la democracia en el continente.  

Al viejo líder cubano, de 81 años de edad, no se le puede acusar de estar afectado de demencia senil tras leer sus reflexiones publicadas en la prensa oficial, pues ya desde hace varias décadas tiene la misma visión primitiva y retrógrada del mundo, y se aferra a la lucha ideológica con Estados Unidos para justificar la vulneración de los derechos individuales de los más de once millones de cubanos que viven en la isla.

De lo que si puede acusársele es de haberse robado la libertad de cinco generaciones de cubanos y cubanas, quitándoles la posibilidad de decidir sobre sus propias vidas, sobre su futuro, sobre el de sus familias. Castro les robó la libertad a sus compatriotas para que pudieran elegir el sistema político y económico de su preferencia, o peor aun, les robó la posibilidad de elegir con libertad, a sus gobernantes. Castro también les robó los sueños, las ilusiones y la esperanza, condenándolos a vivir bajo un sistema caduco y que solo podía ofrecerles pobreza y subdesarrollo.

Fidel Castro debería responder también por las violaciones a los derechos humanos cometidas durante las cinco décadas de su gobierno, en las cuales la persecución a los opositores políticos ha sido el pan de cada día. Hoy, más de cincuenta ciudadanos permanecen encarcelados por sus ideas y su actividad política no violenta. Su pecado ha sido pensar distinto y anhelar ser libres y eso ha sido denunciado por las principales organizaciones no gubernamentales de derechos humanos. Ahora la justicia universal tiene frente a si el reto de juzgar a Castro por las más graves violaciones de las que pueda ser responsable.

Sin Fidel, Cuba es una incógnita y se espera que las nuevas generaciones promuevan ciertas libertades. A diferencia del sistema capitalista, en que su estabilidad no depende de un líder o un personaje carismático, el socialismo ha demostrado a través de la historia, tener bases de arena, y tambalear hasta caerse como un castillo en la orilla cuando se confronta con su antagónico.

El sucesor, como hubiera sucedido en una monarquía o imperio, es el hermano Raúl, cinco años menor que Fidel y compañero de este durante la larga dictadura, ha prometido continuidad política, reformas en la estructura del Estado y mejoras en la economía socialista  y eliminar un exceso de prohibiciones que “ya no tienen sentido”. A pesar de ello, la Asamblea aprobó el pedido del nuevo presidente para consultar las decisiones trascendentales que hubiera que tomar, con el viejo Fidel, por lo que pareciera no se darán cambios radicales en el corto plazo. Habrá que tener paciencia y esperar.

Tal vez aun es muy pronto para beber un Cuba Libre y brindar por la libertad a punto de recuperar, pero seguramente es el inicio de un proceso que acabará con los cubanos eligiendo, en libertad, el camino que quieren recorrer hacia el  progreso y el desarrollo.

 

 

 

 
 
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